SECCION 22 >
PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
CAPITULO 241
Planificación familiar
La planificación familiar es el intento
de controlar el número de hijos y el tiempo que debe transcurrir
entre el nacimiento de cada uno.
Una pareja puede recurrir a la anticoncepción
para evitar el embarazo temporalmente o a la esterilización si
se desea evitarlo de forma permanente. Cuando la anticoncepción
no ha dado resultado, se puede realizar un aborto para interrumpir el
embarazo.
Anticoncepción
Los métodos anticonceptivos incluyen los
anticonceptivos orales (píldoras para el control de la natalidad),
preservativos, preparados que detienen o destruyen el esperma por contacto
(espermicidas en forma de espuma, crema, gel y supositorios vaginales),
el retiro antes de la eyaculación (coitus interruptus), diafragmas,
capuchón cervical, métodos de ritmo, implantes anticonceptivos,
anticonceptivos inyectables y dispositivos intrauterinos (DIU). La anticoncepción
se utiliza cuando una mujer que es físicamente capaz de concebir
y mantiene relaciones sexuales con alguien del sexo opuesto no desea
quedar embarazada. Una vez conocidas las ventajas y desventajas de los
diversos métodos anticonceptivos, se puede elegir el método
más conveniente.
Los
anticonceptivos deben usarse correctamente para que resulten efectivos.
Es más probable que fallen cuando son utilizados por personas
jóvenes, con menos nivel educativo o menos motivadas a evitar
el embarazo. Entre un 5 y un 15 por ciento de las mujeres que usan métodos
anticonceptivos diseñados para utilizarse en el momento del coito
(diafragma, preservativo, espuma, coitus interruptus) quedan embarazadas
durante el primer año de su uso. Por lo general, estos métodos
son menos efectivos en la prevención del embarazo que los anticonceptivos
orales, los implantes, los anticonceptivos inyectables y los dispositivos
intrauterinos, los cuales proporcionan protección a largo plazo
y no dependen de decisiones tomadas en el último momento. Del
0,1 al 3 por ciento de las mujeres que usan estos métodos anticonceptivos
a largo plazo quedan embarazadas durante el primer año.
Anticonceptivos orales
Los anticonceptivos orales, frecuentemente conocidos
como la píldora, contienen hormonas (ya sea una combinación
de progestágeno y estrógeno o progestágeno solo),
que impiden que los ovarios liberen óvulos (ovulación)
y mantienen el moco cervical espeso para que el esperma no pueda atravesarlo
con facilidad.
Estas píldoras se administran una vez al
día durante tres semanas, se suspenden durante una semana para
permitir que tenga lugar el período menstrual y luego se comienza
otra vez. En ocasiones, se incluyen píldoras inactivas en esta
semana de descanso para establecer un hábito que suponga tomar
una cada día. Las píldoras que sólo contienen progesterona
se toman diariamente durante todo el mes. El hecho de olvidarse de tomar
la píldora puede derivar en embarazo.
Las píldoras que sólo contienen progesterona
suelen causar episodios de hemorragia irregular. En general, sólo
se prescriben cuando el estrógeno puede ser perjudicial (por
ejemplo, durante la lactancia).
Todas las marcas de píldoras combinadas que
existen en el mercado son igualmente efectivas. Las píldoras
con una dosis baja de estrógeno tienen menos efectos secundarios
graves que las píldoras con dosis más altas. Si la mujer
toma otros fármacos, sobre todo antiepilépticos, la dosis
de estrógenos ha de ser más alta.
Toda mujer que quiera tomar anticonceptivos orales
debería consultar con su médico los beneficios y los riesgos
que ello supondría en su situación particular. Los anticonceptivos
orales con una menor proporción de estrógenos conllevan
muy pocos riesgos para la salud y presentan muchos beneficios no relacionados
con la anticoncepción propiamente. De hecho, reducen el riesgo
de ciertos tipos de cáncer pero pueden incrementar el de otros.
Las probabilidades de morir a causa de un embarazo normal o de un aborto
son mayores que la mortalidad asociada a los anticonceptivos orales.
La administración de anticonceptivos orales
también reduce la aparición de dolores menstruales, tensión
premenstrual, hemorragia irregular (en mujeres cuyos períodos
han sido irregulares), anemia, quistes mamarios, quistes en los ovarios,
embarazo tubárico (embarazo localizado en una trompa de Falopio,
que es una variedad de embarazo ectópico) e infección
tubárica. Así mismo, las mujeres que han seguido un tratamiento
con anticonceptivos orales tienen menos probabilidades de tener artritis
reumatoide y osteoporosis que aquellas que nunca los han tomado.

Antes de comenzar a tomar anticonceptivos orales,
debería efectuarse una exploración física para
descartar trastornos que sean potencialmente peligrosos. Si la paciente
o un familiar cercano ha tenido diabetes o una enfermedad cardíaca,
habitualmente se realiza un análisis de sangre para medir los
valores de colesterol y de glucosa (azúcar). Cuando estos valores
son altos, suelen utilizarse anticonceptivos orales de dosis bajas,
aunque el médico practicará otros análisis de sangre
más adelente para asegurarse de que estos valores no aumentan
de forma significativa. Tres meses después de haber comenzado
el tratamiento se realiza otra revisión para comprobar que la
presión arterial no ha cambiado. Tras este período, se
requiere una revisión al menos una vez al año.
Las mujeres de más de 35 años que
fuman no deberían usar anticonceptivos orales, porque los riesgos
superan a los beneficios. También hay otras mujeres con riesgo
elevado. Por ejemplo, los anticonceptivos orales pueden hacer que la
presión arterial aumente aún más en una mujer con
presión alta. Sin embargo, cuando los riesgos se equilibren con
los beneficios, la mujer puede tomar un contraceptivo oral, aunque siempre
bajo control médico por si hace falta interrumpir su administración
en caso necesario.
La suspensión ocasional del tratamiento con
anticonceptivos para usar otros métodos es innecesaria y no aporta
beneficios. Por consiguiente, la mujer no necesita dejar de tomar las
píldoras a menos que desee quedar embarazada, aparezcan efectos
secundarios intolerables o tenga otros trastornos que desaconsejen utilizar
estos fármacos. Las mujeres sanas que no fuman pueden tomar anticonceptivos
orales de dosis baja hasta la menopausia.
Uso después del embarazo
El riesgo de que se formen coágulos de sangre
en las venas de las piernas se incrementa después de un embarazo
y puede aumentar aún más con la toma de anticonceptivos
orales. Sin embargo, si el embarazo se interrumpe antes de 12 semanas
desde la última menstruación, la mujer puede empezar a
tomar anticonceptivos orales de inmediato. Debería esperar 1
semana si el embarazo ha durado entre 12 y 28 semanas, y 2 semanas si
ha alcanzado las 28 semanas, siempre que no esté amamantando.
Las madres que amamantan por lo general no vuelven
a ovular (liberan óvulos) hasta al menos 10 o 12 semanas después
del parto. Sin embargo, pueden ovular y quedar embarazadas antes de
que reaparezca su primera menstruación. En consecuencia, las
madres que amamantan deberían usar alguna forma de control de
la natalidad si no desean quedar embarazadas. La toma de anticonceptivos
orales combinados durante la lactancia puede reducir tanto la cantidad
de leche producida como las concentraciones de proteínas y grasa
en la leche. Las hormonas de los anticonceptivos pasan a la leche de
la madre y en consecuencia al bebé. Por ello, las madres en fase
de lactancia que quieren tomar anticonceptivos orales deben tomar píldoras
que sólo contengan progestágenos, puesto que éstos
no modifican la producción de leche.
La administración de anticonceptivos orales
hasta el momento de la concepción o a comienzos del embarazo
(antes de que la mujer se dé cuenta de que está embarazada)
no causa trastornos en el feto.
Efectos adversos
La hemorragia irregular durante el ciclo menstrual
es frecuente durante los primeros meses de uso de los anticonceptivos
orales, pero esta hemorragia anormal se detiene en cuanto el cuerpo
se adapta a las hormonas. En ocasiones, la menstruación se interrumpe
durante algunos meses después de dejar de tomar anticonceptivos
orales, pero estos fármacos no reducen la fertilidad de forma
permanente. Muchos de los efectos adversos, como náuseas, dolor
mamario, hinchazón, retención de líquidos, aumento
de la presión arterial y depresión, se deben a los estrógenos
que contiene la píldora y casi nunca aparecen si se toman píldoras
con poca concentración de los mismos. Otros efectos adversos,
como aumento de peso, acné y nerviosismo, se deben a los progestágenos
y también son poco frecuentes en las píldoras de dosis
bajas. Algunas mujeres que toman anticonceptivos orales aumentan de
1,5 a 2,5 kilogramos debido a la retención de líquidos
(e incluso más, por el aumento del apetito).
Los efectos secundarios graves son poco frecuentes.
La posibilidad de desarrollar cálculos biliares aumenta durante
los primeros años de la toma de anticonceptivos orales, pero
luego disminuye. Una de cada 30 000 a 500 000 mujeres que toman anticonceptivos
orales desarrolla un tumor hepático benigno (adenoma), un tumor
que es peligroso si se rompe y sangra dentro del abdomen. No obstante,
los adenomas suelen desaparecer por sí solos al interrumpirse
el tratamiento.
Se estima que la formación de coágulos
de sangre era de tres a cuatro veces más frecuente en las mujeres
que tomaban las píldoras de dosis altas que en las que no usaron
este método anticonceptivo. Sin embargo, a medida que el contenido
de estrógenos de las píldoras se ha ido reduciendo, el
riesgo de desarrollar coágulos de sangre también ha disminuido,
pero es todavía más alto que el de las mujeres que no
usan anticonceptivos orales. En caso de que aparezca un dolor repentino
en el pecho o en las piernas, deben suspenderse los anticonceptivos
orales y efectuar una consulta inmediata, porque estos síntomas
indican que se han formado coágulos de sangre en las venas de
las piernas y que han llegado a los pulmones o están a punto
de hacerlo. Debido a que tanto los anticonceptivos orales como las intervenciones
quirúrgicas aumentan el riesgo de formación de trombos,
cualquier mujer debe dejar de tomar los anticonceptivos un mes antes
de la operación y no reiniciar el tratamiento hasta un mes después.
Las mujeres que toman anticonceptivos orales pueden
presentar náuseas y cefalea y entre un 1 y un 2 por ciento desarrolla
depresión y tiene dificultades para dormir. Las mujeres deberían
dejar de tomar anticonceptivos orales y acudir al médico si tienen
alguno de los siguientes síntomas, que pueden indicar un mayor
riesgo de ataque cerebral: cambios en la frecuencia e intensidad de
las cefaleas, hormigueo en los brazos o las piernas, desvanecimiento
o incapacidad para hablar. Sin embargo, el riesgo de sufrir un ataque
cerebral no es mayor para las mujeres sanas que toman píldoras
combinadas con dosis bajas de estrógenos que para las de edad
similar que no están tomando anticonceptivos orales.
La toma de anticonceptivos orales puede alterar
la proporción de algunas vitaminas y otras sustancias en la sangre.
Por ejemplo, los valores de vitaminas B y C decrecen un poco, y los
de vitamina A aumentan. Estos cambios no se consideran importantes,
por lo que no es necesario tomar suplementos vitamínicos.
En algunas mujeres, los anticonceptivos orales provocan
manchas oscuras (cloasma) en la cara, similares a las que aparecen durante
el embarazo. La exposición al sol oscurece las manchas aún
más. Pero si suspende su ingestión, las manchas oscuras
desaparecen lentamente. No existe un tratamiento específico para
este trastorno (la única solución es dejar de tomar los
anticonceptivos orales apenas aparezcan las manchas).
El uso de anticonceptivos orales no modifica la
incidencia de contraer cáncer de mama. Sin embargo, el riesgo
de desarrollar cáncer cervical parece incrementarse entre las
mujeres que toman anticonceptivos orales, en particular las que lo han
estado haciendo durante más de 5 años. En consecuencia,
las mujeres que toman anticonceptivos orales deberían hacerse
una prueba de Papanicolaou (Pap) al menos una vez al año para
poder detectar con rapidez cualquier cambio en el cuello uterino. Por
otro lado, el riesgo de desarrollar cáncer de ovario disminuye
alrededor de la mitad entre las mujeres que toman anticonceptivos orales
en comparación con las que nunca los han tomado. Además,
este efecto continúa incluso después de que se haya suspendido
su administración.
Interacciones farmacológicas
Los anticonceptivos orales no interfieren la acción
de otros fármacos, pero algunos de ellos, sobre todo algunos
sedantes y antibióticos, reducen su efectividad. Las mujeres
que toman anticonceptivos orales pueden quedar embarazadas si al mismo
tiempo toman antibióticos como la rifampicina y posiblemente
la penicilina, ampicilina, tetraciclinas o sulfonamidas. Si se toman
dosis altas de estos antibióticos, la mujer debería utilizar
métodos anticonceptivos de barrera, como un preservativo o diafragma,
además del contraceptivo oral. Los fármacos anticonvulsivantes,
como la fenitoína y el fenobarbital, aumentan la frecuencia de
hemorragia anormal cuando se toman anticonceptivos orales. Para contrarrestar
este efecto, las mujeres epilépticas que toman anticonvulsionantes
necesitan dosis más altas de contraceptivos orales.
Métodos de barrera
Su función es obstruir el acceso del esperma
al útero. Incluyen el preservativo, el diafragma, el capuchón
cervical y las espumas, cremas, geles y supositorios vaginales.
Si se utilizan correctamente, los preservativos
(condones) proporcionan una considerable protección contra las
enfermedades de transmisión sexual, como el SIDA, y evitan ciertos
cambios precancerosos en las células del cuello uterino. Algunos
preservativos cuentan con un espacio en su extremo para el semen; si
no lo tienen, debería dejarse un centímetro y medio libre
en la parte superior. Así mismo, debe retirarse con cuidado,
porque si se derrama semen, el esperma podría entrar en la vagina
y provocar un embarazo. El uso de un espermicida, esté incluido
en el lubricante del condón o bien colocado en la vagina, aumenta
la efectividad de este método.
Anticonceptivos de barrera
Los anticonceptivos de barrera impiden la
entrada de los espermatozoides en el útero de la mujer.
Entre ellos se encuentran los preservativos, los diafragmas
y los diafragmas cervicales. Algunos preservativos contienen
espermicidas; estas sustancias deberían ser utilizadas
con los preservativos.
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El preservativo femenino, un dispositivo más
reciente, se sostiene en la vagina mediante un anillo. Se parece a los
masculinos pero es más grande y tiene un índice de fracasos
más alto, por lo que es preferible el preservativo masculino.
El diafragma, una semiesfera de goma en forma de
cúpula con un aro flexible, se coloca bien encajado sobre el
cuello uterino y evita que el esperma entre en el útero. Los
diafragmas tienen varios tamaños y el ginecólogo o la
enfermera deben señalar el indicado y enseñar a la mujer
a colocárselo para que cubra la totalidad del cuello uterino
sin causar molestias. Ninguno de los dos miembros de la pareja debería
notar su presencia. Siempre debería utilizarse una crema o gelatina
anticonceptiva junto con el diafragma, como prevención en caso
de que éste se saliese de su sitio durante la relación
sexual. El diafragma se coloca antes del coito y debería dejarse
durante al menos 8 horas pero nunca más de 24. Si se repite el
coito mientras el diafragma está colocado, se añade más
espermicida dentro de la vagina para aumentar la eficacia. Si una mujer
ha ganado o perdido más de 5 kilogramos, ha usado un diafragma
durante más de un año, o ha tenido un hijo o un aborto,
debe hacerse una nueva revisión, ya que el tamaño y la
forma de la vagina pueden haber cambiado.
El capuchón cervical, similar al diafragma
pero más pequeño y rígido, se adapta de forma ajustada
al cuello uterino. El médico o la enfermera deben determinar
el tamaño idóneo en cada caso. Siempre debería
usarse una crema o gelatina anticonceptiva junto con el diafragma cervical,
que se coloca antes del coito y se deja durante al menos 8 horas después
del acto sexual hasta un máximo de 48 horas.
Las espumas, cremas, geles y supositorios vaginales
se aplican en la vagina antes del coito. Contienen un espermicida y
también constituyen una barrera física para el esperma.
Ninguna clase de espuma o supositorio es más efectiva que otra.
A medida que aumenta la edad de la mujer, también lo hace la
eficacia de estos métodos porque aquélla tiene más
práctica a la hora de usarlos y también porque su fertilidad
disminuye.
Coitus interruptus
En este método anticonceptivo el hombre retira
el pene de la vagina antes de la eyaculación, que es el momento
en que se libera esperma durante el orgasmo. Este método no es
fiable debido a que puede salir esperma antes del orgasmo. También
requiere un alto grado de autocontrol y un preciso sentido de la oportunidad.
Métodos del ritmo
Esta clase de métodos consisten en la abstinencia
de las relaciones sexuales durante el período fértil de
la mujer. En la mayoría de las mujeres, el ovario libera un óvulo
alrededor de 14 días antes del comienzo del período menstrual.
A pesar de que el óvulo no fecundado sólo sobrevive alrededor
de 24 horas, el esperma sobrevive entre 3 y 4 días después
del coito. En consecuencia, la fertilización es posible tras
un coito que tuvo lugar hasta 4 días antes de la liberación
del óvulo.
El método del ritmo es el menos eficaz, incluso
en aquellas mujeres que tienen ciclos menstruales regulares. Para calcular
el período de abstinencia, deben restarse 18 días al más
corto de los 12 ciclos anteriores y 11 días a los más
largos. Por ejemplo, si los ciclos de una mujer duran de 26 a 29 días,
debe evitarse el coito desde el día 8 hasta el día 18
de cada ciclo.
Otros métodos más eficaces asociados
al ritmo incluyen el método de la temperatura, el método
de la mucosidad y el método sintotérmico.
En el método basado en la temperatura, se
mide la temperatura basal del cuerpo (temperatura en estado de reposo)
cada mañana antes de levantarse. Esta temperatura desciende antes
de que se libere el óvulo y aumenta ligeramente (menos de 1 ºC)
después de la ovulación. Por lo tanto, la pareja se abstiene
del coito desde el comienzo de la menstruación hasta al menos
48 a 72 horas después del aumento de la temperatura basal.
En el método de la mucosidad, se establece
el período fértil observando el moco cervical que, por
lo general, se secreta en mayores cantidades y se torna más acuoso
poco antes de la liberación del óvulo. La mujer puede
mantener relaciones sexuales con un bajo riesgo de concebir desde el
fin de su período menstrual hasta que observa la aparición
de una mayor cantidad de mucosidad cervical. A partir de este momento
debe evitar el coito hasta 4 días después de haber observado
la máxima (pico) cantidad de mucosidad.
El método sintotérmico combina la
observación de los cambios en la mucosidad cervical y la medición
de la temperatura basal del cuerpo, así como otros síntomas
que pueden asociarse con la liberación de un óvulo, como
un ligero dolor en el bajo vientre. De todos los métodos relacionados
con el ritmo, éste es el más eficaz.
Implantes anticonceptivos
Los implantes anticonceptivos son cápsulas
plásticas que contienen progesterona, la cual evita que los ovarios
liberen óvulos y que el esperma penetre en la espesa mucosidad
cervical. Se insertan seis cápsulas bajo la piel de la parte
interna del brazo por encima del codo. Después de anestesiar
la zona, se practica una pequeña incisión y, mediante
una aguja, se implantan las cápsulas distribuidas en forma de
abanico. No es necesario dar puntos. Las cápsulas liberan progesterona
lentamente en el torrente sanguíneo y pueden dejarse colocadas
durante 5 años.
La interacción con otros fármacos
es poco frecuente debido a que no contienen estrógenos. Por lo
demás, las contraindicaciones son similares a las de los anticonceptivos
orales.
Los efectos secundarios más importantes,
como hemorragias irregulares o ausencia total de período menstrual,
afectan hasta al 40 por ciento de las mujeres; otros menos frecuentes
incluyen cefaleas y aumento de peso que, en ciertos casos, pueden obligar
a retirar prematuramente las cápsulas. Como éstas no se
disuelven dentro del organismo, al final se deben extraer. Sacarlas
es más díficil que colocarlas, dado que el tejido que
se encuentra debajo de la piel alrededor de las cápsulas se hace
más grueso y dificulta su retirada, si bien sólo queda
una pequeña cicatriz. Tan pronto se han extraído las cápsulas,
los ovarios recuperan su actividad normal y la mujer recupera la fertilidad.
Anticonceptivos inyectables
La medroxiprogesterona es un progestágeno
que se inyecta una vez cada 3 meses en un músculo de la nalga
o en la parte superior del brazo. A pesar de su gran eficacia, puede
llegar a interrumpir por completo el ciclo menstrual. Alrededor de un
tercio de las mujeres que usan este método anticonceptivo no
presenta período menstrual en los 3 primeros meses después
de la primera inyección y otro tercio tiene períodos irregulares
que duran más de 11 días cada mes. Cuanto más se
utiliza este procedimiento, más pacientes dejan de tener período
menstrual pero es menos irregular. Después de seguir este método
durante 2 años, alrededor del 70 por ciento ya no tiene más
períodos menstruales. Cuando se interrumpen las inyecciones,
en alrededor de la mitad de los casos se reanuda el ciclo menstrual
regular en un lapso de 6 meses y en alrededor de unas tres cuartas partes
en el curso de 1 año.
Como el fármaco tiene efectos duraderos,
puede que la fertilidad se tarde en recuperar hasta un año después
de interrumpir las inyecciones, aunque la medroxiprogesterona no provoca
una esterilidad permanente. El fármaco puede causar un ligero
aumento de peso y un adelgazamiento transitorio de los huesos (osteoporosis),
si bien éstos recuperan su densidad normal en cuanto se interrumpe
el tratamiento. La medroxiprogesterona no incrementa el riesgo de cáncer,
incluyendo el de mama, y reduce en gran medida el riesgo de desarrollar
cáncer de útero. Las interacciones con otros fármacos
son poco frecuentes y las contraindicaciones son similares a las de
los anticonceptivos orales.
Dispositivos intrauterinos
Estos dispositivos son muy eficaces y tienen algunas
ventajas en comparación con los anticonceptivos orales: los efectos
secundarios se limitan al interior del útero y el tipo a colocar
depende de la decisión de la paciente sobre si desea controlar
la natalidad un año o 10 años.
Dispositivos intrauterinos
Los dispositivos intrauterinos (DIU) son
insertados por un médico dentro del útero de la
mujer a través de la vagina; y están hechos de
plástico moldeado. Una de sus variedades libera cobre
a partir de un alambre de cobre que se encuentra alrededor de
su base; la otra libera progesterona.
Por lo general constan de un hilo de plástico para que
la mujer pueda verificar que el dispositivo sigue colocado.
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En la actualidad, existen dos tipos de dispositivo.
Uno de ellos libera progesterona y debe ser reemplazado todos los años.
El otro, que libera cobre, es efectivo durante al menos 10 años.
A pesar de que, generalmente, el dispositivo se
coloca dentro del útero durante la menstruación, en realidad
puede ser colocado en cualquier momento del ciclo menstrual, siempre
que la mujer no esté embarazada. Si existe la posibilidad de
que el cuello uterino esté infectado, se pospone su colocación
hasta que se haya tratado la infección.
El mecanismo por el cual el dispositivo intrauterino
evita la concepción es una reacción inflamatoria dentro
del útero que atrae a los glóbulos blancos. Las sustancias
producidas por los glóbulos blancos son tóxicas (venenosas)
para el esperma y, en consecuencia, evitan la fertilización del
óvulo. Cuando se retira el dispositivo, desaparece la reacción
inflamatoria.
La posibilidad de lograr un embarazo durante el
primer año después de la extracción del dispositivo
intrauterino es la misma que después de interrumpir el uso de
preservativos o diafragmas. Tras un período de un año,
entre un 80 y un 90 por ciento de las mujeres que intenta concebir lo
logra.
Efectos adversos y complicaciones
La hemorragia y el dolor son las principales razones
por las que se deben retirar los dispositivos intrauterinos y representan
más de la mitad de todas las extracciones que se llevan a cabo
antes de tiempo. Alrededor del 15 por ciento de las mujeres solicita
que le quiten los dispositivos durante el primer año y el 7 por
ciento durante el segundo año. La extracción, al igual
que la colocación, debería ser realizada por un médico
o una enfermera.
En algunas ocasiones, el dispositivo intrauterino
es expulsado. El índice de expulsión es de alrededor el
10 por ciento durante el primer año después de su colocación,
y suele tener lugar durante los primeros meses. El índice es
mayor entre las mujeres más jóvenes y aquellas que nunca
han tenido hijos. Por lo general, se anuda un hilo al dispositivo para
que se pueda comprobar su estado de vez en cuando, especialmente después
de la menstruación, para asegurarse de que el dispositivo todavía
se encuentra en su lugar. Si la mujer no puede encontrar el hilo, debería
usar otro método anticonceptivo a menos que pueda acudir al médico
para determinar si el dispositivo está bien emplazado. Si se
coloca un nuevo dispositivo intrauterino después de la expulsión
de otro, es probable que este último se mantenga en su lugar.
Alrededor de un 20 por ciento de las expulsiones pasan inadvertidas
y por lo tanto la mujer podría quedar embarazada.
La perforación del útero es una complicación
inusual pero potencialmente grave que puede ocurrir durante la colocación
del dispositivo. El riesgo es de alrededor de 1 de cada 1000 inserciones.
Por lo general, la perforación en sí misma no produce
síntomas; se descubre cuando la mujer no puede encontrar el hilo
de plástico y se localiza el dispositivo intrauterino gracias
a una ecografía o una radiografía. Un dispositivo que
perfora el útero y acaba en la cavidad abdominal debe extraerse
para evitar que provoque lesiones en el intestino y cicatrices.
En el momento de la colocación, el útero
se infecta brevemente, pero esta infección desaparece en 24 horas.
Las infecciones uterinas o de las estructuras circundantes que comienzan
después de 30 días o más de haber colocado el dispositivo
suelen ser a causa de transmisión sexual y no una consecuencia
de la inserción del dispositivo. A menos que la infección
sea grave o la mujer esté embarazada, el tratamiento se efectúa
sin extraer el dispositivo intrauterino. La inflamación pélvica
(infección de las trompas de Falopio) no es más frecuente
entre las mujeres que usan dispositivos intrauterinos que en las que
no los usan. El riesgo de desarrollar infecciones del útero o
de las estructuras circundantes es más elevado en caso de haber
tenido inflamación pélvica o si la mujer tiene varias
parejas sexuales, por lo que debería utilizar un preservativo
o un diafragma durante el coito, ya que un dispositivo intrauterino
no ofrece protección contra las infecciones.
El riesgo de aborto (espontáneo) es de alrededor
del 55 por ciento en las mujeres que quedan embarazadas después
de la colocación de un dispositivo intrauterino. Si una mujer
desea continuar el embarazo y el hilo del dispositivo es visible, el
médico extrae dicho dispositivo para reducir el riesgo de aborto
espontáneo. Las mujeres que quedan embarazadas con un dispositivo
intrauterino colocado tienen una posibilidad de tener un embarazo tubárico
del 3 al 9 por ciento, es decir, 10 veces más de lo habitual.
Esterilización
La esterilización es el método de
planificación familiar más elegido por las parejas en
las que la mujer tiene más de 30 años. Cuando la esterilización
se efectúa en la mujer, alrededor del 2 por ciento queda embarazada
en los 10 primeros años siguientes. El riesgo de embarazo es
inferior al uno por ciento cuando la esterilización se ha efectuado
en el varón.
Técnicas de esterilización
Se seccionan los oviductos de la trompa
de Falopio (tubo que transporta el óvulo desde los ovarios
hasta el útero) y se obstruyen o se efectúa una
ligadura para que el esperma no pueda alcanzar al óvulo
y fertilizarlo.
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La esterilización siempre debería considerarse
como algo definitivo. Sin embargo, existe una operación que vuelve
a conectar los tubos apropiados (reanastomosis), para recuperar la fertilidad.
La reanastomosis es más compleja y tiene menos probabilidades
de ser efectiva en los hombres que en las mujeres. En las parejas, el
índice de embarazos es del 45 al 60 por ciento después
de la reanastomosis en el hombre y del 50 al 80 por ciento tras la reanastomosis
en la mujer.
A los hombres se los esteriliza mediante una vasectomía
(se cortan los vasos deferentes, es decir, los tubos que transportan
el esperma desde los testículos). La vasectomía, que realiza
un urólogo en su consulta, requiere alrededor de 20 minutos y
sólo precisa la administración de un anestésico
local. A través de una pequeña incisión en el escroto,
se extirpa un trozo de cada vaso deferente y se efectúa una ligadura
de los extremos abiertos de los tubos. El hombre debería utilizar
un método anticonceptivo durante algún tiempo; de hecho,
no se le considera estéril hasta alrededor de 15 a 20 eyaculaciones
después de la operación, porque en las vesículas
seminales queda almacenada gran cantidad de esperma. Se considera al
hombre estéril cuando una prueba de laboratorio determina que
dos eyaculaciones carecen de esperma. Las complicaciones de la vasectomía
incluyen una hemorragia (en menos de 5 por ciento de los casos), una
respuesta inflamatoria al escape de esperma y una reanastomosis espontánea
(en menos del uno por ciento), por lo general, poco después de
la intervención. Una vez realizada la intervención, la
actividad sexual, con anticoncepción, puede iniciarse en seguida
si el hombre lo desea.
A las mujeres se las esteriliza mediante una ligadura
de trompas (cortar y unir u obstruir las trompas de Falopio, que transportan
el óvulo desde los ovarios hacia el útero). Al ser más
complicada que la vasectomía, la ligadura de trompas requiere
de una incisión abdominal bajo anestesia local o general. Las
mujeres que acaban de dar a luz pueden ser esterilizadas de inmediato
después del parto o al día siguiente, sin permanecer en
el hospital más de lo habitual. La esterilización también
se planifica por adelantado y puede realizarse como una cirugía
electiva.
La esterilización femenina también
se realiza con la técnica quirúrgica de la laparoscopia.
Se introduce un tubo delgado, llamado laparoscopio, por una pequeña
incisión hasta dentro del abdomen de la mujer; con esta técnica
se pueden seccionar las trompas y cerrar sus extremos. Otra alternativa
es emplear un cauterizador (instrumento que produce corriente eléctrica
para cortar tejido) para pegar alrededor de 3 centímetros de
cada trompa. La mujer suele volver a su domicilio ese mismo día.
Alrededor de un tercio de los embarazos que se producen después
de una ligadura de trompas son embarazos tubáricos. Por otro
lado, hasta el 6 por ciento de las mujeres presenta complicaciones menores
tras una laparoscopia, pero menos del uno por ciento tiene complicaciones
importantes, como hemorragias o perforaciones del intestino.
Pueden emplearse diversos dispositivos mecánicos,
como bandas de plástico y pinzas con resorte, para obstruir las
trompas de Falopio en lugar de cortarlas. La esterilización es
más fácil de revertir cuando se usan estos elementos debido
a que lesionan menos el tejido. Sin embargo, la esterilización
se revierte solamente en alrededor de las tres cuartas partes de las
mujeres que se someten a dicha intervención, incluso cuando se
utilizan técnicas quirúrgicas microscópicas.
En ocasiones, la extirpación quirúrgica
del útero (histerectomía) y quizá la de los ovarios
(ooforectomía) se llevan a cabo también como técnicas
de esterilización. Cuando existen otros problemas crónicos
con el útero, la histerectomía es la técnica de
esterilización más conveniente. Las complicaciones, incluyendo
la pérdida de sangre, son más graves tras una histerectomía
que después de una ligadura de trompas y la permanencia en el
hospital es más prolongada. Los beneficios a largo plazo incluyen
la completa efectividad de la esterilización, la ausencia de
alteraciones menstruales y la eliminación de cualquier posibilidad
de desarrollar cáncer de útero.
Aborto
Mientras que en unos países el aborto esta
penalizado por la ley, en otros puede ser realizado previa solicitud.
Alrededor de dos tercios de las mujeres del mundo tienen acceso al aborto
legal y aproximadamente una duodécima parte vive en países
en los que el aborto está estrictamente prohibido. En algunos
países, el aborto solicitado por de la mujer es legal durante
los primeros tres meses de embarazo. Después de ese tiempo, el
derecho al aborto está sujeto a diferentes condicionantes por
cada estado. En determinados países, alrededor del 30 por ciento
de todos los embarazos finalizan debido al aborto, lo que lo ha convertido
en uno de los procedimientos quirúrgicos más frecuentes.
Por lo general, la anticoncepción y la esterilización
tienen índices de complicación mucho más bajos
que el aborto, en especial entre las mujeres jóvenes. Por consiguiente,
la anticoncepción y la esterilización (para la mujer que
no desea quedar embarazada en el futuro) son mejores opciones para evitar
un embarazo no deseado; el aborto debería reservarse para situaciones
en las que han fracasado otras técnicas más seguras.
Los métodos abortivos más frecuentes
son la evacuación del contenido del útero a través
de la vagina (evacuación quirúrgica) y la administración
de fármacos que estimulan las contracciones del útero
para que éste expulse su contenido. El procedimiento utilizado
depende del momento de la gestación.
La evacuación quirúrgica a través
de la vagina se lleva acabo en alrededor del 97 por ciento de los abortos
y, casi siempre, para embarazos de menos de 12 semanas. Se emplea una
técnica denominada legrado por aspiración. Si se realiza
durante las primeras 4 a 6 semanas de embarazo, el cuello uterino sólo
necesita dilatarse muy poco o nada. El instrumento que se usa en la
mayoría de los casos es un pequeño tubo flexible, unido
a una fuente de aspiración, por lo general una bomba automática
de succión o una manual, aunque también se puede crear
vacío mediante una jeringa. El tubo o cánula se introduce
por el cuello uterino hasta la cavidad uterina que, a continuación,
se vacía por completo muy lentamente. En ciertos casos, este
procedimiento no consigue terminar con el embarazo, sobre todo si se
efectúa durante las primeras semanas.
En los embarazos de 7 a 12 semanas, con frecuencia
se necesita llevar a cabo una dilatación del cuello uterino,
porque la cánula de succión es de mayor diámetro.
Para reducir la posibilidad de lesiones, en lugar de dilatadores mecánicos
se emplean laminaria (tallos de algas marinas desecados) o dilatadores
similares que absorban agua. Los tallos de laminaria se colocan en el
canal cervical y se dejan durante al menos 4 o 5 horas, por lo general
durante la noche. Al absorber grandes cantidades de agua, se expanden
y, por lo tanto, dilatan el orificio de apertura del cuello uterino.
En los embarazos de más de 12 semanas, la
técnica más frequentemente usada es la dilatación
y evacuación (D y E). Para ello, se utiliza una cánula
de succión y pinzas para extraer los productos de la concepción
y luego se raspa el útero ligeramente para tener la seguridad
de que se ha conseguido una extirpación completa. La dilatación
y evacuación es una técnica que cada vez se utliza más
para inducir el aborto en los embarazos más avanzados, en lugar
de recurrir a los fármacos, debido a que su índice de
complicaciones es menor.
En ocasiones, para finalizar la gestación
se administran determinados fármacos como la mifepristona (RU
486) y las prostaglandinas, en especial tras 16 semanas de embarazo,
porque una dilatación y evacuación en ese estado puede
causar graves complicaciones, como una lesión del útero
o del intestino. El RU 486 también puede utilizarse poco después
de la concepción. Las prostaglandinas, fármacos que estimulan
las contracciones uterinas, se pueden administrar tanto en forma de
supositorios vaginales como inyectables. Los efectos secundarios son
náuseas, vómitos, diarrea, enrojecimiento facial y desvanecimientos.
En algunas mujeres, las prostaglandinas incluso pueden desencadenar
un ataque de asma.
La mifepristona, combinada con una prostaglandina,
es muy eficaz para interrumpir un embarazo de menos de 7 semanas, ya
que bloquea la acción de la progesterona en el revestimiento
uterino. Se puede conseguir con receta médica en muchos países.
En ciertos casos, para evitar un embarazo después
de un solo acto sexual sin protección se administra un anticonceptivo
oral de dosis alta, pero estos fármacos no son siempre efectivos.
Deben tomarse antes de 72 horas. Los efectos secundarios incluyen náuseas
y vómitos.
Complicaciones
El riesgo de complicaciones a partir de un aborto
se relaciona directamente con la duración del embarazo y el método
empleado. Cuanto más tiempo ha durado la gestación, mayor
es el riesgo. La duración del embarazo es díficil de determinar
cuando la mujer ha tenido hemorragias después de concebir, si
es obesa, o si el útero está en una situación inclinada
hacia atrás en vez de hacia delante. En estas situaciones, habitualmente
se realiza una ecografía.
Una complicación grave es la perforación
del útero al utilizar un instrumento quirúrgico y ocurre
en 1 de cada 1 000 abortos. A veces también se lesiona el intestino
u otro órgano. En 6 de cada 10 000 abortos puede producirse una
hemorragia copiosa durante la intervención o inmediatamente después
de la misma. Así mismo, ciertos procedimientos pueden causar
un desgarro superficial u otra lesión en el cuello uterino, particularmente
durante el segundo trimestre del embarazo.
Las complicaciones tardías más frecuentes
son las hemorragias que se producen debido a que parte de la placenta
queda retenida en el útero, una infección y la formación
de coágulos de sangre (trombos) en las piernas. Muy raramente,
la esterilidad puede ser debida a una infección dentro del útero
o en las proximidades del mismo, o bien al desarrollo de cicatrices
en la cavidad uterina (síndrome de Asherman). Por último,
las mujeres con un Rh-negativo pueden sensibilizarse frente a la sangre
con Rh-positivo del feto (como en cualquier embarazo, aborto espontáneo
o parto) a menos que se les administren inyecciones de globulina inmune
RhO(D).
Aspectos psicológicos
Para la mayoría de las mujeres, el aborto
no supone una amenaza para su salud mental y no conlleva efectos psicológicos
adversos a largo plazo. Antes de que se legalizara el aborto, los problemas
psicológicos se relacionaban con las dificultades y el estrés
por conseguir abortar. Las mujeres que más probabilidades tienen
de sufrir trastornos psicológicos después de un aborto
son las adolescentes o las que ya presentaban problemas psiquiátricos
antes del embarazo, las que interrumpieron un embarazo deseado por motivos
de salud, las que no estaban seguras de querer el embarazo o las que
abortaron cuando el embarazo estaba ya avanzado.