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SECCION 22 > PROBLEMAS DE SALUD DE LA MUJER
 
CAPITULO 250
Período posparto

Después del parto, se valora el estado de la madre y, si es necesario, recibe tratamiento para aliviar el dolor. Así mismo, se le informa acerca de los cambios que sufrirá su organismo, incluyendo los relacionados con la lactancia, y el tipo de métodos anticonceptivos que puede usar en el período posparto. Antes de salir del hospital se le hace una revisión que se repite 6 semanas más tarde. También se toman medidas para evitar y tratar las complicaciones que sean poco frecuentes. Las complicaciones más frecuentes son las hemorragias excesivas, las infecciones de las vías urinarias y los problemas con la lactancia.

Qué esperar tras el parto

Durante 6 a 8 semanas después del parto, la madre puede tener algunos síntomas leves y pasajeros mientras su organismo se adapta de nuevo al estado de no embarazo. Dentro de las primeras 24 horas, sus pulsaciones descienden y su temperatura puede subir ligeramente. Quizás tenga una secreción vaginal con algo de sangre durante 3 o 4 días, que en el transcurso de los siguientes 10 a 12 días se vuelve marrón clara y finalmente blanco-amarillenta. Para absorber esta secreción, se utilizan compresas o tampones que se cambian con frecuencia.

Después del parto, el útero dilatado empieza a contraerse y se hace cada vez más pequeño hasta el punto de recuperar su tamaño normal. Estas contracciones irregulares a menudo son dolorosas y pueden precisar ser tratadas con analgésicos. Duran entre 5 y 7 días y pueden intensificarse por la lactancia, ya que la hormona oxitocina, liberada naturalmente en este período para que comience el flujo de leche (reflejo de salida), también estimula las contracciones uterinas. Después de 5 o 7 días, el útero tiene la consistencia normal y ya no debe doler, pero todavía puede percibirse por palpación abdominal entre la sínfisis y el ombligo. Alrededor de 2 semanas después del parto, el útero ya no se nota al tacto. Sin embargo, el abdomen de la reciente madre no volverá a ser tan plano como antes del embarazo durante varios meses, aunque practique ejercicios físicos. Las marcas debidas al estiramiento pueden seguir notándose durante un año.

En el hospital

El objetivo primordial es reducir el riesgo de hemorragia, dolor e infección de la reciente madre. Tras el desprendimiento de la placenta (expulsión de placenta y membranas), se administra oxitocina para estimular la contracción del útero, y una enfermera da masajes periódicos en el abdomen para favorecer la contracción del útero. Estos procedimientos aseguran que el útero se contraiga y siga reducido de tamaño para evitar una hemorragia excesiva. Si durante el parto se aplicó anestesia general, se efectúa una monitorización durante 2 a 3 horas después del parto, generalmente en una sala de recuperación bien equipada con sistemas de administración de oxígeno, reserva de sangre del mismo tipo que la de la madre y para la perfusión de líquidos intravenosos.

Después de las primeras 24 horas, la recuperación es rápida. La madre puede seguir una dieta regular en cuanto lo desee, a veces poco después del parto. Debería levantarse de la cama y caminar lo antes posible. Así mismo, es recomendable comenzar a realizar ejercicios para fortalecer los músculos abdominales prácticamente al cabo de un día; los ejercicios abdominales con las rodillas flexionadas, realizados en la cama, dan buenos resultados.

Antes de que la madre abandone el hospital, se lleva a cabo un recuento completo de glóbulos rojos para descartar una posible anemia. Si los análisis de sangre demuestran que nunca ha tenido rubéola, es necesario vacunarla el día del alta. Si su grupo sanguíneo es Rh-negativo y tiene un bebé cuyo tipo de sangre es Rh-positivo, se administra globulina inmune Rho (0) alrededor de 3 días después del parto; este fármaco se combina con los anticuerpos que ha producido la madre contra la sangre del bebé y los destruye para que no pongan en peligro futuros embarazos.

La depresión leve (depresión posparto, a veces llamada melancolía) es frecuente, puede aparecer en los 3 días posteriores al parto y habitualmente dura menos de 2 semanas. Por lo general, el apoyo familiar es el mejor tratamiento. La depresión que se combina con una falta de interés por el recién nacido, ideas suicidas o violentas, alucinaciones o comportamiento extraño es considerada anormal; y en general requeriere tratamiento. Es más probable que la depresión grave se manifieste en mujeres que padecían una enfermedad mental antes del embarazo.

En casa

La madre y el bebé suelen ser dados de alta alrededor de 24 horas después del parto si ambos se encuentran en buenas condiciones. De hecho, muchos médicos permiten que las mujeres que no han tenido complicaciones ni han recibido anestesia se marchen del hospital 6 horas después del parto. A pesar de que los problemas graves son raros, se debe establecer un programa de visitas a domicilio o un seguimiento exhaustivo.

La madre puede ducharse o bañarse, pero debería evitar los lavados vaginales durante al menos 2 semanas después del parto. Lavar la zona que rodea la vagina con agua tibia dos o tres veces al día ayuda a reducir la sensación dolorosa. El dolor de la episotomía se alivia mediante baños de asiento tibios varias veces al día y durante el tiempo que sea necesario. Si es necesaria una medicación para aliviar el dolor, habitualmente se le administran codeína y aspirina si no está amamantando a su hijo o paracetamol sin codeína si está dando de mamar.

La producción de orina suele aumentar en gran medida después del parto, en particular cuando se suspende la administración de oxitocina. Como la sensibilidad de la vejiga urinaria se reduce después del parto, la reciente madre debería orinar de forma regular, al menos cada 4 horas. Ello evita que la vejiga se llene en exceso y ayuda a evitar infecciones de las vías urinarias. Puede tomar laxantes, si es que los necesita para evitar el estreñimiento, el cual puede causarle hemorroides (dilataciones varicosas de las venas del recto). Las hemorroides se tratan con baños de asiento calientes.

Las mamas se llenan de leche al inicio de la lactancia y pueden ponerse duras y doler. Si una madre no va a amamantar a un bebé, se le aplican fármacos para suprimir la producción de leche. Sin embargo, la producción de leche a menudo reaparece en cuanto deja de tomar el fármaco. Resulta útil usar un sujetador que ajuste las mamas firmemente, ya que el hecho de que pendan estimula el flujo de leche. Muchas madres que no están amamantando reducen el malestar apretándose los senos firmemente, mediante un sujetador adecuado durante 3 a 5 días, bebiendo gran cantidad de líquidos y tomando aspirina o paracetamol. Estos síntomas sólo duran entre 3 y 5 días.

Las madres que no están dando de mamar pueden tomar fármacos para dormir o para reducir el dolor. Las que sí están amamantando a sus hijos reciben cantidades limitadas de estos fármacos porque la mayoría de ellos se secretan en la leche materna.

La madre puede reanudar su actividad normal en cuanto se sienta preparada para hacerlo. Puede volver a mantener relaciones sexuales en cuanto lo desee y se sienta a gusto. Como ya es posible que quede nuevamente embarazada, debería usar anticonceptivos o evitar el coito. Por lo general, los médicos recomiendan que la nueva madre no quede embarazada de nuevo hasta varios meses después del parto para que la recuperación sea completa. La administración de los anticonceptivos orales se inicia después de la primera menstruación, tanto si la madre está amamantando como si no. Algunos médicos recomiendan comenzar con los anticonceptivos orales incluso antes (durante la primera semana después del parto) en los casos de madres que no estén dando de mamar. El diafragma puede colocarse sólo después de que el útero recupere el tamaño normal, es decir, entre 6 a 8 semanas después del parto. Mientras tanto, se pueden usar espumas, geles y preservativos como métodos anticonceptivos si no se están tomando anticonceptivos orales.

Las mujeres que no están amamantando a sus hijos suelen comenzar a ovular (liberar un óvulo del ovario) alrededor de 4 semanas después del parto, antes de su primera menstruación. Sin embargo, la ovulación puede producirse antes (algunas mujeres han concebido alrededor de 2 semanas después del parto). Las madres que están dando de mamar tienden a comenzar a ovular y menstruar algo más tarde, por lo general de 10 a 12 semanas después del parto. En ciertos casos, una madre que está amamantando a su hijo ovula, menstrúa y queda embarazada igual de pronto que la que no da de mamar. Una mujer que acaba de ser inmunizada contra la rubéola debe esperar al menos 3 meses antes de quedar embarazada de nuevo para evitar poner al feto en peligro.

Infecciones puerperales

Se supone que una mujer tiene una infección puerperal si la temperatura es de 38 ºC o más en dos ocasiones separadas entre sí al menos 6 horas después las primeras 24 horas tras el alumbramiento si no existe otra causa evidente, como una bronquitis.

Incluso durante las primeras 12 horas después del parto, una temperatura de 38,3 ºC o más podría ser una señal de infección, aunque probablemente no lo sea. Las infecciones directamente relacionadas con el parto se desarrollan en el útero, la zona que lo rodea o en la vagina. Las infecciones del riñón también pueden aparecen poco después del parto. Otras causas de fiebre, como los coágulos sanguíneos en las piernas o una infección de las mismas, tienden a aparecer 4 días o más días después del parto.

Infecciones del Útero

Las infecciones posparto suelen comenzar en el útero. Una infección del saco amniótico (las membranas que contienen al feto y al líquido amniótico que lo rodea) y la presencia de fiebre durante el parto pueden acabar en una infección del revestimiento uterino (endometritis), del músculo uterino (miometritis) o de las áreas que rodean al útero (parametritis).

Causas y síntomas

Determinadas condiciones aumentan la vulnerabilidad de la mujer a la infección y las bacterias normales que viven en la vagina pueden causar una infección tras el parto. Estas condiciones son la anemia, preeclampsia, hipertensión, proteínas en la orina y acumulación de líquido durante el embarazo), repetidas revisiones vaginales, un retraso de más de 6 horas entre la rotura de las membranas y el parto, un parto prolongado, una cesárea, la retención de fragmentos de placenta dentro del útero después del parto y una gran hemorragia después del parto (hemorragia posparto).

Son frecuentes los escalofríos, la cefalea, la sensación de malestar general y una pérdida del apetito. Por lo general, la mujer está pálida, su frecuencia cardíaca se acelera, y en la sangre se observa un número anormalmente alto de leucocitos. El útero está hinchado, es doloroso y blando. Es perceptible una secreción procedente del útero, que puede variar en cantidad y suele oler mal. Cuando los tejidos que rodean al útero se infectan, el dolor y la fiebre son intensos; la hinchazón de los tejidos mantiene al útero doloroso, fijo en su lugar.

Las complicaciones incluyen inflamación del revestimiento abdominal (peritonitis) y coágulos de sangre en las venas de la pelvis (tromboflebitis pélvica), con el riesgo de que un coágulo sanguíneo llegue al pulmón (embolia pulmonar). Las sustancias venenosas (toxinas) producidas por las bacterias que causan la infección pueden alcanzar altos niveles en la circulación sanguínea (endotoxemia), lo que puede provocar un shock (shock séptico), una enfermedad que pone en peligro la vida y que se caracteriza por un descenso brusco de la presión arterial y una frecuencia cardíaca más rápida de lo normal. El shock puede provocar una lesión renal grave e incluso la muerte.

Diagnóstico y tratamiento

Para diagnosticar una infección, se examinan los pulmones de la mujer así como el útero y se envían muestras de orina y secreción uterina a un laboratorio para que se realice un cultivo de bacterias.

El médico trata de prevenir cualquier trastorno que pueda derivar en una infección y, si es posible, instaura el tratamiento adecuado. El parto vaginal rara vez causa infección pero, si se desarrolla, se administra un antibiótico por vía intravenosa durante 48 horas hasta que cesa la fiebre.

Infección de los riñones

La infección renal (pielonefritis) es causada por la diseminación de bacterias procedentes de la vejiga y puede aparecer después del parto. En ciertos casos, se produce una infección al colocar una sonda en la vejiga para vaciarla de la orina acumulada durante y después del parto. La infección puede comenzar durante el embarazo en forma de presencia de bacterias en la orina pero sin síntomas. Cuando aparecen síntomas, éstos incluyen mucha fiebre, dolor en la parte inferior de la espalda o en los flancos, una sensación de malestar general, estreñimiento y, en ocasiones, dolor al orinar.

Por lo general, se administra un antibiótico por vía intravenosa hasta que cesa la fiebre durante 48 horas. Las muestras de orina se examinan para detectar bacterias, y se cambia de antibiótico si las bacterias son resistentes a la acción de éste. La mujer sigue el tratamiento con antibióticos por vía oral durante 2 semanas después de dejar el hospital. En estos casos, beber mucho líquido ayuda a mantener una buena función renal. Entre 6 y 8 semanas después del parto se examina otra muestra de orina para comprobar la ausencia de bacterias.

Otras infecciones posparto

La fiebre que aparece entre los 4 y los 10 días posteriores al parto puede indicar la presencia de un coágulo de sangre en la pierna (tromboflebitis femoral), que se trata con calor, vendaje y elevación de la pierna. Si es preciso, se administran fármacos anticoagulantes. La tuberculosis latente puede reactivarse después del parto; se trata con antibióticos.

La fiebre que aparece 10 días o más después del parto con frecuencia se debe a una infección de una mama (mastitis), aunque la infección de la vejiga (cistitis) en este período también es frecuente. Las infecciones de vejiga y de mama se tratan con antibióticos. La madre que tiene una infección de las mismas debería seguir dando de mamar a su hijo, ya que así disminuye el riesgo de que se desarrolle un absceso en la mama. Los abscesos mamarios son raros; se tratan con antibióticos y, por lo general, se drenan quirúrgicamente.

Hemorragia posparto

La hemorragia posparto es la pérdida de más de medio litro de sangre durante o después de la tercera etapa del parto, en el momento en que se expulsa la placenta.

Este trastorno es la tercera causa más frecuente de muerte materna en el parto, después de las infecciones y las complicaciones provocadas por la anestesia. Las causas de la hemorragia posparto son diversas, y la mayoría de ellas pueden evitarse. Una causa es la hemorragia que se produce en el lugar donde se ha desprendido la placenta. Esta hemorragia se produce cuando el útero no se contrae correctamente, ya sea porque se ha distendido demasiado, porque el parto ha sido prolongado o anormal, porque la mujer ha tenido varios embarazos previos o porque se ha utilizado un anestésico relajante muscular durante el alumbramiento. La hemorragia posparto también puede ser debida a heridas (laceraciones) de un parto espontáneo, a la presencia de tejido (por lo general, partes de la placenta que no se desprendieron de forma adecuada) que no fue expulsado durante el parto o a la existencia de valores bajos de fibrinógeno (un importante factor necesario para la coagulación). La pérdida de una cantidad importante de sangre suele producirse poco después del parto pero el riesgo subsiste hasta un mes más tarde.

Prevención y tratamiento

Antes de que se inicie el trabajo de parto, se deben tomar precauciones para evitar una hemorragia posparto. Una de las medidas consiste en tratar ciertos trastornos, como la anemia. Otra es reunir la mayor cantidad posible de información acerca de la paciente. Por ejemplo, el hecho de saber que la mujer tiene mayor cantidad de líquido amniótico, un embarazo múltiple (de gemelos), un tipo de sangre inusual o que ha tenido episodios previos de hemorragia posparto puede hacer que el médico esté preparado para hacer frente a posibles trastornos hemorrágicos.

El médico intenta siempre reducir al mínimo su intervención en el parto. Una vez que la placenta se ha desprendido del útero, la mujer recibe oxitocina para favorecer la contracción uterina y reducir la pérdida de sangre. Si la placenta no se desprende por sí misma 30 minutos después del parto, el médico la extrae de forma manual; si la expulsión ha sido incompleta, extrae manualmente los fragmentos que faltan. En raras ocasiones, los fragmentos infectados de la placenta o de otros tejidos deben ser extraídos quirúrgicamente (mediante legrado). Después de la expulsión de la placenta, la mujer es sometida a control durante al menos una hora para asegurar que el útero se haya contraído y también para controlar la hemorragia vaginal.

En caso de hemorragia grave, se practica un masaje abdominal para ayudar a contraer el útero y se administra una perfusión intravenosa continua de oxitocina. Si la hemorragia persiste, quizá sea necesaria una transfusión de sangre. Se puede examinar el útero para buscar cortes o fragmentos retenidos de placenta y otros tejidos, y luego extraerlos quirúrgicamente; ambos procedimientos requieren un anestésico. También se examinan el cuello uterino y la vagina. Se puede inyectar prostaglandina en el músculo uterino para facilitar la contracción. Si el útero no puede ser estimulado para que se contraiga y se reduzca la hemorragia, es posible que sea necesario efectuar una ligadura de las arterias que llevan la sangre al útero. Debido a la abundante cantidad de sangre que llega a la pelvis, el hecho de que se consiga controlar la hemorragia no significa que el éxito del procedimiento sea definitivo. La extirpación del útero (histerectomía) rara vez es necesaria.

Inversión del útero

La inversión del útero es un trastorno en el cual el cuerpo del útero se vuelve del revés, sobresaliendo por el cuello uterino hasta el interior de la vagina o incluso más allá de la abertura vaginal.

Es un trastorno muy poco frecuente. La inversión del útero se produce cuando un miembro del personal sanitario sin experiencia aplica demasiada presión sobre el fondo del útero o tira demasiado del cordón de una placenta que aún no se ha desprendido; es una situación crítica que puede derivar en shock, infección y muerte.

Para que el útero vuelva a su situación normal (se reinvierta), se empuja el cuerpo uterino por el canal vaginal, se pone una sonda en el interior de la vagina y se mantiene cerrado el orificio vaginal. A continuación, se instila una solución salina dentro del útero por la sonda para expander la vagina y reinvertir el útero. Rara vez es necesario recurrir a una intervención quirúrgica. Por lo general, la mujer se recupera por completo después de este procedimiento.


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