SECCION 23 >
PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
CAPITULO 251
Recién nacidos y lactantes normales
La transición del feto desde que al
principio está inmerso en líquido amniótico y totalmente
dependiente de la placenta para su nutrición y oxigenación,
hasta su nacimiento, llorando y respirando, es un proceso que despierta
una profunda admiración. Los neonatos sanos requieren grandes
cuidados a fin de asegurar su desarrollo normal y buena salud.
Cuidados iniciales
Inmediatamente después del nacimiento del
bebé, el médico o la enfermera extraen mucosidad y otras
sustancias de su boca, nariz y garganta con una sonda de aspiración.
Enseguida, el bebé respira por primera vez. A continuación
se colocan dos pinzas en el cordón umbilical, una al lado de
la otra, y se corta por la parte que se encuentra entre las pinzas.
Después se seca al bebé y se le coloca cuidadosamente
en una manta caliente y estéril o sobre el abdomen de la madre.
| Corte del
cordón umbilical |
 |
A continuación se pesa y mide al bebé.
El médico lo examina en busca de anomalías evidentes,
ya que la exploración física completa tiene lugar con
posterioridad. El estado general del bebé se registra entre 1
y 5 minutos después del nacimiento mediante la prueba de Apgar,
que tiene en cuenta el color del bebé (rosa o azul), la frecuencia
cardíaca, la respiración, la sensibilidad y el tono muscular
(débil o activo).
Es esencial mantener al bebé en un ambiente
cálido. Tan pronto como sea posible, se le envuelve en una manta
ligera y se le cubre la cabeza para reducir la pérdida de calor
corporal. Se colocan algunas gotas de solución de nitrato de
plata o de un antibiótico en los ojos, para evitar las infecciones
procedentes de los organismos nocivos con los que pueda haber estado
en contacto durante el parto.
Habitualmente, la madre, el padre y el bebé
se recuperan juntos en la sala de partos. Una vez en la sala de cuidados,
se coloca al bebé de lado, en una cuna pequeña, siempre
procurando que se mantenga en calor. La posición de costado evita
que el flujo o la mucosidad obstruyan las vías respiratorias
y le impidan respirar. Debido a que todos los bebés nacen con
escasa cantidad de vitamina K, se les administra una inyección
de la misma para prevenir hemorragias (enfermedad hemorrágica
del recién nacido). Habitualmente, también se aplica una
solución antiséptica en el cordón umbilical, recién
cortado, para evitar las infecciones.
Al cabo de 6 o más horas del nacimiento,
se baña al bebé. La enfermera intenta no quitar el material
sebáceo blanquecino (vernix caseosa) que cubre la mayor parte
de la piel del recién nacido ya que esta sustancia le protege
de las infecciones.
Exploración física
El médico habitualmente realiza una exploración
física completa del bebé en las primeras 12 horas de vida.
El examen empieza con una serie de mediciones, que incluyen el peso,
la estatura y la circunferencia de la cabeza.
El
peso medio al nacer es de 3 kilogramos y la talla media es de 50 centímetros.
A continuación, el médico examina la piel del bebé,
la cabeza y la cara, el corazón y los pulmones, el sistema nervioso,
el abdomen y los genitales.
La piel es habitualmente rojiza, aunque los dedos
de las manos y de los pies pueden tener un matiz azulado debido a la
escasa circulación de sangre durante las primeras horas.
Un parto normal deja la cabeza del bebé levemente
deformada durante algunos días. Los huesos que forman el cráneo
se imbrican y esto permite que la cabeza se comprima para facilitar
el parto. La inflamación y la contusión del cuero cabelludo
son muy frecuentes. Cuando el bebé nace de nalgas (presentación
de nalgas) habitualmente la cabeza no se deforma; sin embargo, en estos
casos son las nalgas, los genitales o los pies los que pueden inflamarse
y sufrir magulladuras. A veces puede sangrar uno de los huesos del cráneo
y su membrana externa (periostio), lo cual produce una pequeña
protuberancia en la cabeza (cefalematoma) que desaparece al cabo de
pocas semanas.
La presión durante el parto vaginal puede
causar magulladuras en la cara. Además, la compresión
sufrida en el canal del parto puede hacer que inicialmente la cara parezca
asimétrica. La asimetría facial se produce en ocasiones
cuando uno de los nervios que llegan a los músculos de la cara
se lesiona durante el parto, pero en unas pocas semanas volverá
progresivamente a la normalidad.
A través de un fonendoscopio el médico
ausculta el corazón y los pulmones para detectar posibles anomalías.
El color de la piel del recién nacido y el estado general también
pueden indicar si existe algún problema. También se controla
la intensidad del pulso en la ingle.
El médico busca la existencia de anomalías
en los nervios y para ello explora los reflejos del bebé. Los
reflejos más importantes del recién nacido son la reacción
de Moro y los reflejos de búsqueda y succión.
Seguidamente, el médico examina la conformación
general del abdomen y también analiza el tamaño, la forma
y la posición de los órganos internos como los riñones,
el hígado y el bazo. Un aumento en el tamaño de los riñones
puede indicar una obstrucción del flujo urinario.
También comprueba la flexibilidad y movilidad
de los brazos, las piernas y las caderas. La dislocación (luxación)
de la cadera es un problema bastante frecuente en los recién
nacidos que puede tratarse colocando un doble o triple pañal
al bebé para sostener la cadera en la posición correcta,
lo cual hace que se solucione el problema. De ser necesario, un ortopedista
puede colocarle una tablilla.
Por último, el médico examina los
genitales. En el varón, los testículos deben estar situados
en el escroto. Aunque es raro y al parecer no causa dolor al recién
nacido, los testículos pueden torcerse (enfermedad denominada
torsión testicular), lo cual requiere cirugía urgente.
En una niña, los labios son prominentes; la exposición
a las hormonas de la madre hace que se hinchen durante las primeras
semanas.
Los primeros días
Inmediatamente después de un nacimiento normal,
el personal de la sala de alumbramiento ayuda a la madre a sostener
a su bebé. La lactancia puede comenzar en ese momento si ella
lo desea. También se anima al padre a sostener al bebé
y a compartir esos momentos. Algunos expertos creen que el contacto
físico precoz con el bebé ayuda a establecer vínculos.
Sin embargo, los padres pueden crear buenos vínculos con sus
bebés incluso cuando no pasan las primeras horas juntos.
Durante los primeros días después
del nacimiento, los padres aprenden a alimentar, a bañar y a
vestir al bebé y se familiarizan con sus actividades y sonidos.
Aunque anteriormente la madre y el bebé solían permanecer
una semana o más en el hospital, hoy en día ese período
se ha reducido a un día o dos.
La pinza plástica del cordón umbilical
se retira al cabo de 24 horas. El muñón que se deja debe
humedecerse a diario con una solución de alcohol. Este proceso
acelera el secado y reduce las posibilidades de infección.
La
circuncisión, si los padres la desean, se realiza habitualmente
en los primeros días de vida. Sin embargo, el procedimiento debe
posponerse si el pene presenta alguna anomalía, ya que el prepucio
puede ser necesario para una posterior cirugía plástica
reparadora. La decisión de someter a un recién nacido
a la circuncisión depende habitualmente de las creencias religiosas
o las preferencias personales de los padres. La principal razón
médica para realizarla es la existencia de un prepucio muy tenso
que obstruye el flujo de la orina. Otras razones médicas, como
la reducción del riesgo de cáncer de pene, son más
controvertidas. La circuncisión puede ser peligrosa si existen
trastornos hemorrágicos en la familia y debe retrasarse si durante
el embarazo la madre tomó medicamentos que incrementan el riesgo
de hemorragias, como anticoagulantes o aspirina; el médico espera
hasta que hayan sido eliminados de la circulación del bebé
y también le administra vitamina K para neutralizarlos.
La mayoría de los recién nacidos presenta
una leve erupción cutánea durante la primera semana. Habitualmente,
ésta aparece en las áreas del cuerpo que están
expuestas al roce de ropa (brazos, piernas y espalda) y, rara vez, en
la cara. Tiende a desaparecer por sí sola sin tratamiento alguno.
La aplicación de lociones o talcos, el uso
de jabones perfumados y la colocación de braguitas de plástico
sobre los pañales tienden a empeorarla, especialmente cuando
hace calor. Al cabo de unos días, la piel se seca y se descama,
especialmente en los pliegues de las muñecas y los tobillos.
El recién nacido puede tener varias prominencias
duras bajo la piel (necrosis de la grasa subcutánea) en los lugares
donde la presión de los huesos ha destruido cierta cantidad de
tejido graso. Cuando se han utilizado fórceps durante el parto,
estas formaciones aparecen sobre todo en la cabeza, mejillas y cuello.
Pueden reventar y expulsar un líquido claro de color amarillo,
pero habitualmente se curan con rapidez.
Los recién nacidos normales pueden padecer
ictericia leve después del primer día. La ictericia que
aparece antes de las primeras 24 horas de vida es particularmente preocupante.
La primera orina producida por un recién
nacido es concentrada y a menudo contiene productos químicos
llamados uratos, que pueden teñir el pañal de color rosado.
Si un recién nacido no orina durante las primeras 24 horas de
vida, se debe averiguar la razón. Este retraso es más
frecuente en los varones y puede deberse a un prepucio demasiado tenso
o a una inflamación temporal del pene tras la circuncisión.
La primera deposición consiste en una sustancia
pegajosa de color negro verdoso (meconio). Todos los bebés deben
eliminar meconio en las 24 horas posteriores a su nacimiento. La imposibilidad
de evacuar se debe habitualmente a un tapón de meconio endurecido
en el intestino del bebé que, por lo general, puede ser extraído
mediante una o más enemas suaves. Si se trata de un defecto congénito,
la obstrucción puede ser más grave.
Un recién nacido pierde habitualmente durante
los primeros días de vida entre el 5 y el 10 por ciento de su
peso al nacer, pero lo recupera rápidamente a medida que empieza
a comer.
Alimentación
Un recién nacido normal tiene reflejos de
búsqueda y de succión activos y puede comenzar a comer
inmediatamente después del nacimiento. Si, en la sala de parto,
el bebé no ha sido colocado en el pecho de la madre, la alimentación
comenzará habitualmente dentro de las 4 horas posteriores al
nacimiento.
Expulsar y regurgitar mucosidad es muy normal el
primer día. Si el bebé regurgita mucosidad durante más
tiempo, se puede eliminar cualquier resto de moco del estómago
introduciendo delicadamente una sonda desde la nariz hasta el estómago.
Un recién nacido alimentado con biberón
puede vomitar debido a una alergia a la leche. En ese caso, ésta
puede ser reemplazada por una fórmula hipoalérgica. Si
esto no da resultado, el médico averiguará la razón
de los vómitos. El recién nacido que es amamantado y que
continúa vomitando puede que tenga una obstrucción que
impida vaciar el estómago. Los bebés no son alérgicos
a la leche materna.
Los recién nacidos mojan al menos 6 u 8 pañales
al día. Además, hacen deposiciones todos los días
durante las primeras semanas, lloran enérgicamente, tienen la
piel en buen estado y muestran un reflejo de succión marcado.
Todos estos factores indican que el bebé obtiene suficiente cantidad
de leche materna o de leche de fórmula. El incremento del peso
confirma esta hipótesis. Dormir durante largos períodos
entre las tomas de alimento indica habitualmente que el bebé
recibe una alimentación suficiente, aunque en algunos casos puede
dormir por períodos prolongados si no recibió una cantidad
adecuada de leche. Por consiguiente, un bebé que se alimenta
con leche materna debe ser controlado de forma precoz y continua para
comprobar que la alimentación es adecuada.
Alimentación con biberón
Se suele dar agua destilada estéril como
primer alimento al bebé alimentado con biberón para tener
la certeza de que puede succionar y tragar y que funciona bien su reflejo
de abrir la boca. El agua no causará daño al bebé
con problemas de alimentación. Si no expulsa el agua, se le puede
dar una fórmula en la siguiente toma. Habitualmente, en los hospitales
los bebés son alimentados cada 4 horas.
| Alimentación del
bebé con biberón |
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Existen fórmulas preparadas que contienen
proporciones adecuadas de calorías y vitaminas y se comercializan
en biberones estériles. La madre no debe insistir para que el
bebé termine totalmente el biberón, sino que le debe permitir
tomar la cantidad que desee. La alimentación debe aumentarse
gradualmente durante la primera semana de vida, desde 30 o 60 mililitros
hasta 90 o 120 mililitros aproximadamente 6 veces al día.
Las fórmulas infantiles comerciales son preferibles
a la leche de vaca, que no es apropiada para el primer año de
vida ya que, si bien es un alimento equilibrado para un lactante, carece
de hierro, que es importante para el desarrollo de los glóbulos
rojos. Los niños alimentados con fórmula o leche materna
deben recibir diariamente gotas multivitamínicas que contengan
vitaminas A, C y D durante el primer año de vida y durante el
segundo invierno en climas fríos, donde la exposición
al sol y su activación de vitamina D es limitada. Puede agregarse
flúor a la fórmula cuando no se cuenta con agua fluorizada.
Al bebé alimentado con biberón debe
ofrecérsele agua entre las tomas, sobre todo cuando hace calor
o el ambiente está seco. Un bebé cuya alimentación
no sea adecuada puede, a veces, requerir alimentación intravenosa
adicional. A continuación, el médico tratará de
detectar las causas del problema.
Alimentación con leche materna
La leche materna es el alimento ideal para el bebé.
Además de proporcionar los nutrientes necesarios de la forma
más fácil de digerir y de absorber, contiene anticuerpos
y glóbulos blancos que protegen al bebé de las infecciones.
También cambia favorablemente el pH de la defecación,
así como la flora intestinal del bebé, y de esta manera
lo protege de la diarrea bacteriana. Debido a las cualidades protectoras
de la leche materna, los bebés amamantados suelen padecer menos
enfermedades infecciosas que los alimentados con biberón. La
lactancia también ofrece ventajas a las madres, por ejemplo,
les permite sentirse cerca de su bebé, mientras que la alimentación
con biberón no lo permite. En muchos países, más
de la mitad de las madres amamantan a sus bebés, proporción
que aumenta constantemente.
Alimentación del bebé con leche materna
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Antes de que la leche se produzca, un delicado líquido
amarillo, llamado calostro, fluye del pezón. El calostro es rico
en calorías, proteínas y anticuerpos. Los anticuerpos
que contiene son particularmente valiosos ya que son absorbidos por
el cuerpo directamente desde el estómago. De esta manera, el
bebé está protegido de las enfermedades contra las cuales
su madre ha desarrollado anticuerpos.
Los pezones de la madre no requieren preparación
especial alguna antes de empezar a amamantar. La extracción manual
de líquido de la mama antes del parto puede producir una infección
mamaria (mastitis) o incluso un parto precoz. La areola y el pezón
se preparan de forma natural para el proceso de amamantar secretando
un lubricante que protege la superficie. Este lubricante natural no
debe ser eliminado. La madre que decide amamantar a su bebé puede
desear hablar con otras mujeres cuya lactancia haya sido un éxito.
Observar a otras mujeres amamantando y hacer preguntas también
puede resultar instructivo y estimulante.
La madre debe adoptar una postura cómoda,
relajada, quizás casi recostada, y girar de un lado hacia el
otro para dar cada pecho. El bebé está de cara a la madre.
Ésta sostiene la mama con los dedos pulgar e índice por
la parte superior y con los otros dedos por debajo, mientras acerca
su pezón al labio inferior del bebé. Esto estimula al
bebé a abrir la boca (reflejo de búsqueda) y a agarrarse
al pecho. Al tiempo que la madre acerca el pezón y la areola
a la boca del bebé, se asegura también de que el pezón
quede centrado, lo que contribuye a evitar la formación de llagas
en el mismo. Antes de retirar al bebé del pezón, la madre
interrumpe la succión insertando el dedo en la boca del bebé
y apretando suavemente su barbilla hacia abajo.
Inicialmente, el bebé se alimenta durante
varios minutos de cada mama. El reflejo resultante en la madre (reflejo
de descenso) activa la producción de leche. Al principio debe
evitarse la succión excesiva. Una mala postura causa llagas en
los pezones y es más fácil evitarlas que curarlas. Por
otra parte, la producción de leche requiere un tiempo suficiente
de succión. El tiempo de amamantamiento se incrementa gradualmente
hasta que la producción de leche se haya establecido satisfactoriamente:
aproximadamente 10 minutos en la primera mama y el tiempo necesario
como para satisfacer al bebé en la segunda suelen ser suficientes.
Con el primer bebé, la producción de leche suele establecerse
completamente al cabo de 72 o 96 horas; con los siguientes se requiere
menos tiempo. Si la madre está particularmente cansada durante
la primera noche, la alimentación de las 2 de la mañana
puede ser reemplazada por agua. Sin embargo, no deben pasar más
de 6 horas entre las tomas durante los primeros días. Las tomas
deben, más bien, ser fijadas según el hambre del bebé
y no según el reloj. De la misma manera, la duración de
cada sesión de lactancia debe ajustarse a las necesidades del
bebé.
La madre debe llevar el bebé al médico,
sobre todo cuando es el primero, entre los 7 y 10 días posteriores
al parto, para que éste pueda controlar el progreso de la lactancia
y aclarar cualquier duda.
Las mamas tienden a inflamarse incómodamente
(congestionarse) durante los primeros días de lactancia, pero
dicha congestión puede minimizarse mediante amamantamientos frecuentes.
El uso de un sujetador para lactancia las 24 horas del día puede
ayudar a aliviar el dolor y la extracción del exceso de leche
con la mano durante una ducha tibia también disminuye la presión.
Puede que la madre tenga que extraer la leche manualmente justo antes
de amamantar al bebé para que su boca alcance el borde de la
areola inflamada. Sin embargo, si ello se hace demasiadas veces tiende
a producirse una congestión continua, por lo que sólo
debería ponerse en práctica para aliviar el malestar.
El primer año de vida del bebé:
desarrollo físico
El peso del bebé y su talla se controlan
en cada visita al médico, para asegurarse de que el crecimiento
se incrementa en proporción equilibrada. Los percentiles
constituyen un parámetro de comparación de bebés
de la misma edad. Un bebé en el percentil 10 de peso
significa que el 10 por ciento de los bebés pesan menos
y el 90 por ciento pesan más. Un bebé al percentil
90, significa que el 90 por ciento de los bebés pesan
menos y el 10 por ciento pesan más. Un bebé en
el percentil 50 quiere decir que la mitad de los bebés
pesa menos y la mitad más. Más importante que
el percentil en un momento determinado es la constatación
de un cambio significativo en el percentil del bebé entre
las consultas sucesivas al médico.
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La mala posición del bebé puede inflamar
los pezones de la madre. Ocasionalmente el bebé retrae el labio
inferior y succiona, irritando el pezón. En este caso la madre
puede llevar el labio del bebé hacia fuera valiéndose
del dedo pulgar. Después de cada lactancia, se debería
dejar que la leche se secara por sí sola en los pezones en lugar
de limpiarlos o lavarlos. En todo caso, se pueden secar los pezones
con un secador de pelo a baja potencia. En climas muy secos se puede
aplicar lanolina hipoalergénica o ungüentos sobre los pezones.
Deben evitarse los sujetadores con estructuras plásticas.
Mientras amamanta, la madre necesita un mayor aporte
nutritivo, sobre todo de calcio. Los productos lácteos son una
fuente excelente de calcio, pero pueden sustituirse por nueces y verduras
si la mujer no los tolera. Como alternativa, se pueden tomar complementos
de calcio por vía oral. Los complementos vitamínicos no
son necesarios si la dieta está bien equilibrada, particularmente
si incluye suficiente vitamina C, B6 y B12. Sin embargo, algunas dietas,
incluso las de países desarrollados, son pobres en vitamina B6
y las dietas vegetarianas no suelen contar con suficiente vitamina B12.
El momento para interrumpir la lactancia (destete
del bebé) depende de las necesidades y los deseos de la madre
y del bebé. La lactancia durante al menos 6 meses se considera
ideal. El destete gradual durante semanas o meses es más fácil
que el destete repentino, tanto para el bebé como para la madre.
El destete habitualmente implica la incorporación
de alimentos sólidos, en lugar de 8 a 10 tomas de leche materna
diarias, los bebés reciben estos alimentos hasta tres veces al
día mientras se va reduciendo gradualmente la cantidad de amamantamientos.
Cuando el bebé tiene aproximadamente 7 meses, debería
reemplazarse una toma de leche materna al día por un biberón
o una taza de zumo de fruta, leche materna extraída manualmente
o leche preparada. Aprender a beber de una taza es un importante logro
en el proceso del desarrollo y esta transición puede no completarse
hasta los 10 meses de edad. Algunos bebés siguen acostumbrados
a una o dos sesiones de pecho por día hasta los 18 o 24 meses
de vida. Cuando la madre le da de mamar durante más tiempo, el
niño también debe recibir a la par comidas sólidas
y beber con taza.
Momento de comenzar con los alimentos sólidos
El momento de comenzar con los alimentos sólidos
depende de las necesidades del bebé y de su predisposición.
Por lo general, los bebés no requieren este tipo de alimentos
antes de los 6 meses, aunque suelen ser capaces de tragárselos
a partir de los 3 o 4 meses. Pueden tragar sólidos incluso antes
de este tiempo si se les colocan los alimentos en la parte posterior
de la lengua, pero habitualmente los rechazan. Algunos padres instan
a sus bebés a comer grandes cantidades de comida sólida
para favorecer el sueño durante toda la noche. Este sistema puede
no funcionar y además, si se fuerza prematuramente a un bebé
a comer, puede causar problemas de alimentación a posteriori.
Muchos bebés ingieren sólidos después de ser amamantados
o de tomar el biberón, puesto que ambos satisfacen su necesidad
de chupar y rápidamente calman su apetito.
Habitualmente se utilizan primero cereales, seguidos
de frutas y verduras de una sola clase. La alergia o la sensibilidad
a un alimento es más fácil de determinar si el bebé
recibe el mismo cereal, fruta o verdura durante varios días.
La comida debe ofrecerse en una cuchara para que el bebé aprenda
la nueva técnica de alimentación.
Muchos alimentos comercializados para bebés,
sobre todo los postres y las sopas, tienen demasiado almidón,
que no contiene vitamina ni minerales, incluyen muchas calorías
y los bebés no los digieren bien. Otros contienen mucho sodio,
más de 200 miligramos por frasco. Los que poseen un escaso valor
nutritivo pueden ser identificados leyendo las etiquetas. Los alimentos
caseros son menos caros que los alimentos comerciales y proporcionan
una nutrición adecuada.
Las carnes deben incorporarse con posterioridad,
después de aproximadamente 7 meses, y son preferibles a las comidas
ricas en hidratos de carbono, ya que los bebés necesitan muchas
proteínas. Sin embargo, como muchos bebés rechazan la
carne, ésta debe incorporarse cuidadosamente y con atención.
Muchos niños son alérgicos al trigo,
a los huevos y al chocolate, por lo tanto estos alimentos deben evitarse
hasta que cumplan un año ya que su ingestión puede, más
tarde, convertirles en alérgicos. La miel debe evitarse durante
el primer año porque puede contener esporas de Clostridium botulinum,
las cuales son inofensivas para los niños mayores y los adultos,
pero en cambio pueden causar botulismo en los bebés.
Desarrollo físico
El desarrollo físico de un bebé depende
de factores hereditarios, nutricionales y del entorno; y puede también
estar influido por la presencia de anomalías físicas y
psicológicas. El crecimiento óptimo requiere una nutrición
y una salud excelentes.

La altura del bebé aumenta aproximadamente
un 30 por ciento hasta los 5 meses y más del 50 por ciento hacia
el año. El peso que ha tenido al nacer se duplica a los 5 meses
y se triplica al año.
Los órganos crecen en proporciones diferentes.
Por ejemplo, el sistema reproductor tiene un breve acelerón de
crecimiento justo después del nacimiento, pero luego sufre cambios
muy sutiles hasta justo antes de la pubertad. Por otra parte, el cerebro
crece casi exclusivamente durante los primeros años de vida.
En el momento del nacimiento, el cerebro tiene la cuarta parte del tamaño
que tendrá cuando sea adulto. Al año, el cerebro alcanza
las tres cuartas partes del tamaño del adulto. Hacia el final
del primer año, los riñones funcionan como en el adulto.
Los dientes frontales inferiores aparecen entre
el quinto y el noveno mes. Los dientes frontales superiores comienzan
a aparecer entre los 8 y los 12 meses.
Desarrollo intelectual y de la conducta
El desarrollo de la conducta y del intelecto varía
considerablemente de un niño a otro. Algunos bebés se
desarrollan más rápidamente que otros, aunque dentro de
una familia puede haber unas características típicas,
como caminar o hablar más tarde de lo habitual. Factores ambientales,
como una falta de estímulo suficiente, o físicos, como
la sordera, pueden retrasar el desarrollo normal. Aunque el desarrollo
de un niño suele ser continuo, pueden existir pausas temporales
en una función particular, como en la capacidad de hablar.
Al principio, el recién nacido duerme casi
todo el tiempo. El bebé puede comer, toser cuando sus vías
respiratorias se obstruyen y responder con llanto a cualquier malestar
o intrusión. A las 6 semanas, el bebé mira objetos que
se encuentran directamente delante de él y comienza a sonreír
cuando le hablan. La cabeza sigue tambaleándose cuando se le
mantiene sentado.
A los tres meses, el bebé sonríe al
oír la voz de su madre, emite sonidos que parecen el comienzo
del habla y sigue con la vista cualquier objeto que se mueva. Mantiene
el equilibrio de la cabeza cuando se le sostiene sentado y comienza
a coger los objetos que se le colocan en las manos. A los 6 meses, se
sienta con apoyo y gira sobre sí mismo. La mayoría de
los bebés puede ponerse de pie si cuenta con un apoyo y son capaces
de pasar un objeto de una mano a otra. El bebé balbucea a los
juguetes.
A los 9 meses, se sienta bien y gatea, se pone de
pie solo y dice mamá y papá indistintamente.
A los 12 meses, el bebé suele ser capaz de andar agarrándose
a la mano de alguien y puede decir varias palabras.
Controles durante el primer año
Los controles tienen la finalidad de detectar los
trastornos con suficiente anticipación. El diagnóstico
precoz y el tratamiento a tiempo pueden reducir o prevenir trastornos
que pueden interferir el sano desarrollo del bebé.
Antes de que el recién nacido deje el hospital,
se le toman muestras de sangre para realizar distintas pruebas de laboratorio.
Por ejemplo, un análisis mide los niveles de hormona tiroidea
en la sangre, lo cual es importante porque los niveles bajos pueden
ocasionar cretinismo, trastorno tiroideo crónico caracterizado
por un retraso en el desarrollo físico y mental. Un recién
nacido con niveles bajos de hormona tiroidea debe ser sometido a una
terapia sustitutiva de dicha hormona por vía oral, entre los
primeros 7 o 10 días de vida. Otra enfermedad, llamada fenilcetonuria,
también puede causar retraso mental si no recibe tratamiento.
Pueden realizarse otros controles. Por ejemplo,
los destinados a detectar enfermedades como la homocistinuria, la enfermedad
urinaria del jarabe de arce, la galactosemia y la drepanocitosis.
A veces, la elección de los análisis se basa, en parte,
en las características étnicas y genéticas de los
padres. En algunos países, el costo y las limitaciones técnicas
restringen los exámenes sistemáticos.
Esquema de inmunizacion para bebés
y niños
La inmunización desempeña un
papel importante en el mantenimiento de la salud de los bebés
y los niños. Se ilustran las edades recomendadas sistemáticamente
para la inmunización del bebé o del niño
con vacunas específicas. La edad recomendada para la
inmunización puede variar según las circunstancias.
Por ejemplo, si la madre es portadora del antígeno de
superficie de la hepatitis B en la sangre, el médico
probablemente recomiende inmunización del bebé
con la vacuna de la hepatitis B dentro de las 12 horas siguientes
al nacimiento. Sin embargo, otros bebés pueden recibir
la primera dosis de la vacuna contra la hepatitis B a la edad
de 1 o 2 meses. Existe un rango de edades aceptable para muchas
vacunas y el médico del niño es el que proporciona
las recomendaciones específicas. A menudo se usa una
combinación de vacunas, ya que ello disminuye el número
de pinchazos que el niño recibirá.
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Durante el primer año de vida se miden, en
cada revisión médica, la longitud, el peso y la circunferencia
de la cabeza. Así mismo, el médico escucha el corazón
del bebé a través de un fonendoscopio; los sonidos anormales
pueden indicar una afección cardíaca. También en
cada visita se examina el abdomen del bebé, porque ciertos cánceres
raros, como el tumor de Wilms y el neuroblastoma, sólo pueden
detectarse a medida que el bebé crece. Se exploran los oídos
y la vista. Los bebés nacidos prematuramente (gestación
de menos de 37 semanas) se someten a una revisión regular para
detectar una retinopatía por la prematuridad, una enfermedad
de los ojos.
Vacunaciones
Los niños deben ser inmunizados para protegerlos
de las enfermedades infecciosas. Las vacunas son muy seguras y eficaces,
aunque excepcionalmente algunos niños presentan una leve reacción
frente a ellas. La mayoría de las vacunas se inyectan, aunque
algunas (como la de la poliomielitis) se administran por vía
oral.
La primera vacuna que se administra a un bebé
es la vacuna contra la hepatitis B, cuya primera dosis se aplica durante
la primera semana de vida, a veces cuando el bebé todavía
está en el hospital. Otras inmunizaciones sistemáticas
comienzan al cabo de la sexta o la octava semana, o poco después,
si el bebé está enfermo. Sin embargo, no es necesario
retrasar la vacunación si tiene un poco de fiebre a causa de
una infección leve, como un resfriado común.
Muchas vacunas requieren más de una dosis
para proporcionar una inmunidad completa. La mayoría de los médicos
siguen la planificación de inmunización recomendada por
los organismos sanitarios correspondientes.
Sin embargo, las edades recomendadas para las vacunaciones
no deben ser seguidas de manera rígida. Por ejemplo, 2 meses
pueden significar de 6 a 10 semanas. Aunque los padres deben tratar
de vacunar a los niños según dicha planificación,
algunos retrasos no interfieren en la inmunidad que se alcanza al final
ni suponen reiniciar la serie de inyecciones desde el principio. Algunas
vacunas se recomiendan en circunstancias especiales; la vacuna contra
la hepatitis A, por ejemplo, se recomienda a los universitarios o a
las personas que viajan al extranjero.
En una única visita médica puede administrarse
más de una vacuna, aunque a menudo se combinan varias de ellas
en una sola inyección; éste es el caso, por ejemplo, de
las vacunas contra la tos ferina, la difteria, el tétanos y Hemophilus
influenzae tipo B. La combinación de vacunas reduce el número
de inyecciones necesarias sin comprometer la seguridad o efectividad
de las mismas.